Transfiguración
And I don't wanna be somebody without your body close to me And if it wasn't you, I wouldn't want anybody close to me
(The Cure)
Hay nébulos que se empeñan en atentar contra su propia naturaleza y entonces se enamoran y componen poemas líricos sobre la belleza y las bondades del ser amado. Abandonan su modo lúdico de lidiar con la vida y se instalan en complejidades existenciales excesivamente ajenas a su modo de ser. Pasan noches enteras ensimismados, abandonan las nebuliadas y ya no saludan a los demás con esos pequeños saltitos acompañados de algunos giros que se asemejan al baile de las peonzas. Comienzan a ordenar los cajones donde guardan sus pecios tomando como referencia el alfabeto cirílico y clasifican los alimentos según las últimas taxonomías propuestas por la señora Margulis. A medida que avanza el proceso de transfiguración, el nébulo enamorado va adquiriendo los rasgos de los cenobios que, como todo el mundo sabe, han hecho de la norma, la ley y el orden los principios rectores de todos sus actos. Superado el desasosiego derivado de conjugar Ley y Sentimiento en una única alma, aunque sea la de un ser tan singular e inefable, comienza a imaginar situaciones hipotéticas y a hacer planes para el futuro -término que no existe en ninguno de los diccionarios nebulosos hasta ahora conocidos. Por lo dicho y transfigurado, el nébulo olvida su pasado y adquiere la esencia de los poselas. Sus amigos le citan todas las noches a fin de detener la metamorfosis mediante un proceso criogénico que lo libere del prurito erótico enfermizo. Pero como los nébulos tienen la costumbre de quedar sin especificar la fecha, el lugar o la hora, sus tentativas fracasan estrepitosamente. Los nébulos entonan cantos himeneos a fin de evitar la consumación del descalabro, hasta que entienden que solo el azar y el tiempo conseguirán la vuelta a casa del nébulo autoexiliado.
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