El nébulo melancólico
In restless dreams I walked aloneNarrow streets of cobblestone'Neath the halo of a street lampI turned my collar to the cold and dampWhen my eyes were stabbed by the flash of a neon lightThat split the nightAnd touched the sound of silence
(Simon & Garfunkel)
Versión en blanco y negro que contrasta con una realidad más bien gris. Polifonía de colores al amanecer, cuando uno cree que los mecanismos que rigen el funcionamiento del mundo han dejado de operar porque una sonrisa le ha abismado en un optimismo ingenuo que se quiebra al tropezar consigo mismo y contemplar cómo la tostada vuelve a caer del lado de la mantequilla y la mermelada. A medianoche, algunos nébulos se ponen melancólicos y sentados en el suelo y con la cabeza entre las piernas dicen cosas como “amo tu ausencia” o “me gusta cuando callas porque estás muy presente”. Después se dejan llevar por sus propias palabras y se sumergen en un estado de embriaguez mística que preocupa al resto. Como los nébulos jamás se recriminan cosa alguna, comienzan a hacer gestos que han copiado de las películas mudas de Buster Keaton y Charles Chaplin. Durante un tiempo sólo se oye el sonido del silencio, el ruido que producen los movimientos de las manos y de la cabeza, hasta que el nébulo afectado consigue salir de su anormal estado y los mira y sonríe como siempre, como si no hubiese pasado nada. Se celebra una fiesta a la cual se invita a los cenobios y a los poselas. Los cenobios llegan a la fiesta preguntando qué ha pasado y pidiendo explicaciones. Es su forma de ser, piensan que el mundo es cenóbico o no es. Los poselas siempre ejercen de sí mismos y esperan que la situación se resuelva por sí sola. Saben que en realidad nunca pasa nada, que sólo son palabras y que las palabras son como el humo: se dicen y desaparecen.
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