Y, sin embargo, “te quiero”
Y si te vas, me voy por los tejados Como un gato sin dueño Perdido en el pañuelo de amargura Que empaña sin mancharla tu hermosura Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina Y baile sin orquesta Y ramos de rosas, con espinas Pero dos no es igual que uno más uno
(Joaquín Sabina)
Qué decir de la extravagancia de ciertas expresiones de uso cotidiano. Por ejemplo, “te quiero”. No se ciñe al paradigma comunicativo de transmisión de ideas, ni se limita a informar de un determinado sentimiento. Su significado es ambiguo: ni siquiera quien quiere sabe exactamente cómo quiere. ¿Quiere? ¿Qué quiere? Quien quiere, quiere como quiere o puede o sabe o cree querer. No obstante, creemos entender qué nos quiere decir quien nos dice “te quiero” y creemos saber qué queremos decir cuando decimos “te quiero”. Digo que suponemos un significado general que comparten tanto el emisor como el receptor, digo que si no fuese así no llegaríamos a emocionarnos cuando somos aquellos a quien va dirigida tal expresión. Intentemos un acercamiento matemático y digamos que la expresión “te quiero” es inteligible porque supone la intersección entre dos formas de interpretarla: la del emisor y la del receptor. Dicho conjunto intersección se definiría como el conjunto de ideas o creencias que emisor y receptor tienen con respecto a la citada expresión. El planteamiento exige la introducción de un tercer elemento: el hermeneuta, un observador externo que examina el contenido del conjunto resultante de la intersección y sabe qué entiende y cómo quiere cuando quiere el emisor y cómo quiere el receptor cuando quiere. Y debe, además, en virtud de su honestidad intelectual, no permitir que su singular modo de entender la expresión perturbe el proceso cognitivo en el que asume un papel activo. Constatamos que nuestra estrategia ha duplicado el problema al convertir el segmento cuyos extremos eran un emisor y un receptor en un triángulo en el que uno de sus vértices es el propio hermeneuta. ¡Qué extraños nudos forman las palabras y la expresión de los sentimientos! ¡Qué vanos intentos de encontrar un sentido a este laberinto sin salida en el que olvidamos cuando entramos y en el que no disponemos de mapa alguno para orientarnos!
2 comentarios:
PECIO CON TRAPECIO 0717
Contra la luz, contra la tarde
Contra la noche incluso, contra el abismo
Contra la nada, contra el silencio
Contra la risa
Contra el poema
Contra el poeta, presuntuoso
Contra el sentido verdadero
Contra buscarlo
Contra hallarlo
Contra escarbar la vida,
Contra horadarla
Para encontrarte
Contra el aire fresco de la mañana
Contra la palabra y las palabras, incluso
Pero contra el te quiero nunca
Ni de nuevo ni otra vez
Nunca otra vez
Contra
Te quiero
Estar contra todo sin el pudor del convencionalismo y el protocolo que obliga a estar a favor de algo. Así, Lorente. Así contra la luz, metáfora de todo aquello que es deseable o luminoso. Contra la tarde, pero podría ser el día o la noche. Contra el todo que contiene la nada, o a la inversa. No se salva ni el silencio, pero tampoco el sonido de la pluma trazando el poema. Mucho menos la odisea del poeta que dice cuando podría concentrar la suficiente honestidad como para permanecer callado. No es un poeta triste, aunque esté contra la risa, ni absurdo, aunque enfrente el sentido. Es un poeta que desconfía de la palabra, de la escritura, de los intentos de cavar en la vida, porque cuando se profundiza en las entrañas de la tierra, la temperatura aumenta y disminuyen las posibilidades de encontrar el aire fresco de la mañana. Con todo, el "contra" se desactiva cuando un te quiero lo incluye y lo aparta.
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