All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


domingo, 21 de junio de 2026

PECIO 0717: Y, SIN EMBARGO, "TE QUIERO"

 Y, sin embargo, “te quiero”

 

 Y si te vas, me voy por los tejados Como un gato sin dueño Perdido en el pañuelo de amargura Que empaña sin mancharla tu hermosura Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina Y baile sin orquesta Y ramos de rosas, con espinas Pero dos no es igual que uno más uno

 (Joaquín Sabina)

 

 Qué decir de la extravagancia de ciertas expresiones de uso cotidiano. Por ejemplo, “te quiero”. No se ciñe al paradigma comunicativo de transmisión de ideas, ni se limita a informar de un determinado sentimiento. Su significado es ambiguo: ni siquiera quien quiere sabe exactamente cómo quiere. ¿Quiere? ¿Qué quiere? Quien quiere, quiere como quiere o puede o sabe o cree querer. No obstante, creemos entender qué nos quiere decir quien nos dice “te quiero” y creemos saber qué queremos decir cuando decimos “te quiero”. Digo que suponemos un significado general que comparten tanto el emisor como el receptor, digo que si no fuese así no llegaríamos a emocionarnos cuando somos aquellos a quien va dirigida tal expresión. Intentemos un acercamiento matemático y digamos que la expresión “te quiero” es inteligible porque supone la intersección entre dos formas de interpretarla: la del emisor y la del receptor. Dicho conjunto intersección se definiría como el conjunto de ideas o creencias que emisor y receptor tienen con respecto a la citada expresión. El planteamiento exige la introducción de un tercer elemento: el hermeneuta, un observador externo que examina el contenido del conjunto resultante de la intersección y sabe qué entiende y cómo quiere cuando quiere el emisor y cómo quiere el receptor cuando quiere. Y debe, además, en virtud de su honestidad intelectual, no permitir que su singular modo de entender la expresión perturbe el proceso cognitivo en el que asume un papel activo. Constatamos que nuestra estrategia ha duplicado el problema al convertir el segmento cuyos extremos eran un emisor y un receptor en un triángulo en el que uno de sus vértices es el propio hermeneuta. ¡Qué extraños nudos forman las palabras y la expresión de los sentimientos! ¡Qué vanos intentos de encontrar un sentido a este laberinto sin salida en el que olvidamos cuando entramos y en el que no disponemos de mapa alguno para orientarnos!  

 


 

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