Blues 1 EL BLUES Y LOS CRONOPIOS
El blues tuvo un hijo que se llamó Rock and Roll
Porque el blues es dinamita, nena, que explota en mis venas
(Bluesfalos)
Quizás sea el principio de una serie de pecios motivados por un feliz acontecimiento: un libro (RUTA 61, UN VIAJE SONORO SIGUIENDO EL MISISIPI) que me regaló mi amigo, el etimólogo y contrapecista Antonio Lorente. He aquí el primero, espero que no sea el último.
Imagino tu casa que no conozco y la mía que siempre está más allá de donde alcanza tu mirada, la revolución soñada que ya ni siquiera es deseable, los de siempre con sus canalladas que miran con desprecio a los de siempre con sus desdichas, la sensación de no tener respuestas y la certeza de que las preguntas están mal formuladas, el ocaso de la simpleza y el crepúsculo de la ramplonería de los que reducen la policromía de este pluriverso a un aburrido en blanco y negro, el valor de no utilizar las armas, la ingenuidad de seguir creyendo en las palabras. Porque hay días y hay noches en las que la tristeza se adueña de las calles, en las que el ritmo del blues se arrastra por sus aceras y va dejando un reguero de lágrimas sin ojos y de sollozos de quiméricas desesperanzas en las que el tedio impregna las plazas y un cierto hastío tiñe de languidez las piedras y las almas. Hay noches en las que uno se puede encontrar con el rostro desnudo de la indiferencia, con la aséptica mirada de una mujer que cree haber llegado al cielo, con el rumor insoportable de una calle sin gente y sin ruido. Entonces, los cronopios, que saben hasta nuestros más secretos pensamientos, bailan la danza del BLUES en el interior de nuestros cuerpos, los nutren de nuevos sueños y otorgan un nuevo sentido a nuestros besos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario