El jazz, la vida
Sleep in peace when day is done, that's what I mean
(Nina Simone)
Miles Davis se inclina suavemente hacia adelante. La trompeta forma un ángulo de unos setenta y cinco grados con respecto al eje de la tierra. No hay ya diferencia entre el instrumento y el músico, la conjunción es perfecta. Las notas improvisadas le ganan el espacio sonoro a la melodía. Y ocurre algo, una incongruencia, un error, un desatino, un acorde desafortunado. No obstante, el error puede devenir acierto si se produce en circunstancias favorables.
Me permito ilustrar mi aserto con una anécdota que circula por los foros de los aficionados al jazz. Cuenta Herbie Hancock que, mientras tocaba So What -junto con Tony Williams, Ron Carter y Wyne Shorter-, emitió un acorde equivocado en el momento en que Davis ejecutaba una de sus improvisaciones. Parece ser que este se detuvo un segundo al percatarse de la incongruencia sonora. Fue apenas un instante, una décima de segundo, un momento en el que la ejecución de la pieza pareció resquebrajarse. Pero Davis no lo escuchó como un error, sino como algo que por inesperado enriquecía el desarrollo de la improvisación. De hecho, continuó tocando una serie de notas que hicieron del fallo de Hancock un acorde perfecto. Miles transformó un error notorio en una secuencia más de la línea de improvisación nacida de su genio musical.
En general, los errores no son fallos desde el momento en que los integramos en el contexto de nuestra vida para que adquieran un sentido en el acontecer incesante de nuestro ir y venir por las laberínticas callejuelas de nuestra existencia.
https://youtu.be/Yc5jwR9KUvg?si=gkABVemABJWA9Ziu
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