INDIVIDUALIA 10
PRESENTACIÓN
Individualia
10 quiere hablar de los “topos”, de los ficticios y de los reales, de las
utopías, de las distopías y de las heterotopías. Cuando no son fruto del
cinismo o la ironía, las utopías son ficciones que configuran el escenario idóneo
de las naturalezas más optimistas. Las distopías, sin embargo, lo son de las más
pesimistas. Estas ficciones, fruto de la voluntad prospectiva de los seres humanos, contrastan con la realidad
implacable de las heterotopías: espacios excéntricos, reductos al margen de las
normas y los reglamentos sociales al uso. O, quizás, el resultado de la
aplicación de los mismos: geriátricos, hospitales,
psiquiátricos, cárceles, etc.
Si las utopías
y las distopías privilegian el tiempo, las heterotopías se centran más en el
espacio. Los umbrales temporales y espaciales son los parámetros básicos que
nos permiten reflexionar sobre la voluntad humana de imaginar mundos posibles o
de construir realidades situadas en los márgenes de la sociedad políticamente
correcta.
Insatisfechos
con el presente, buscamos soluciones en el pasado o en el futuro. La memoria y
la imaginación reivindican su lugar en el escenario que dibuja la actualidad.
Retrospectivas y prospectivas se dan
cita para describir los diferentes modos que adoptará el apocalipsis o celebrar
una de las nuevas epifanías que auguran una regeneración moral del ser humano.
Platón
propuso la idea de un orden político aristocrático en el que el gobierno
estuviese en manos de los filósofos.San Agustín estableció la Ciudad de Dios
como horizonte moral superpuesto a las motivaciones que mueven a los individuos
a obrar en la Ciudad de los hombres. El modelo griego y el cristiano adoptaron
en la propuesta de Tomás Moro la forma de una isla poblada de individuos de buena
voluntad que supeditan el interés personal al bien común. Tomás Campanella
situó en la isla de Trapobanda, concretamente en la cima de una montaña, la
ciudad ideal construida en torno a un templo dedicado al dios Sol. La buena
voluntad de Moro es sustituida por el conocimiento y el saber científico como
cimientos sobre los que se erige la utopía. Idea que recogió Francis Bacon para
diseñar su Nueva Atlántida. La secularización del ideal realizada por el
emergente paradigma cientificista encontró su contrapartida antitética en las
distopías del siglo XX. Si se trata de anular el conflicto social, nada mejor
que construir una sociedad totalitaria basada en el control absoluto y la
negación de la libertad individual (1984 de G. Orwell) o una sociedad hedonista
que mutila afectivamente al ser humano (Un mundo feliz de A. Huxley).
Lo utópico y
lo distópico coinciden en que son incompatibles con el ser humano. La paradoja
reside en que este no puede pensar el presente sin imaginar paraísos perdidos o
futuros apocalípticos. La reflexión filosófica, literaria o artística, no puede
prescindir de la memoria y de la imaginación. Estas son las que generan un
terreno fértil para la proliferación de utopías y distopías.
A diferencia
de las utopías y las distopías, espacios de ficción, las heterotopías son
espacios reales situados al margen de las normas y reglamentos de la sociedad
“tópica”. La cárcel, el hospital, el psiquiátrico, etc., configuran lugares en
los que mutan los protocolos que orientan o dirigen la conducta del individuo:
la opinión del “experto”, envuelta en una bata blanca o en cualquier otro
vestuario con signos distintivos, se asemeja a la del rey filósofo platónico o
a la del sacerdote agustiniano, y la voz del enfermo, del loco, del
encarcelado, queda reducida a su mínima expresión. Como donde hay poder, hay
resistencia, el espacio heterotópico termina transformándose en una
microsociedad que se encuentra, al mismo tiempo y paradójicamente, dentro y al
margen de la sociedad normalizada. Y quizás sea Emil Kusturica quien mejor haya
descrito esta transformación en su película Underground:
una familia refugiada en un sótano al huir de los nazis, comienza a fabricar
armas para ayudar a la resistencia. El espacio heterótopico se configura cuando
dicha familia sigue con su tarea hasta veinte años después de concluida la
guerra.
Hoy, el lugar
de las utopías ha sido ocupado por las distopías y las heterotopías. El cine y
la literatura contemporáneos son un buen ejemplo de ello. Sociedades
hipertecnificadas e hiperestratificadas, desiertos urbanos, agotamiento de lo
humano e incluso amenaza de desaparición de la especie, regímenes totalitarios,
son los modelos que inspiran la imagen que la creatividad humana proyecta en el
futuro.
Hoy, en
tiempo de confinamientos y perimetraciones, deberíamos pensar si nuestra vida
cotidiana comienza a ser un ejemplo de distopía o una heterotopia en la que se
han invertido los términos: la sociedad normalizada aparece como el ideal al
que se ha superpuesto aquello que hace poco más de año hubiésemos definido como
un espacio heterotópico.
Individualia
10 quiere hablar de los umbrales que cartografían nuestra experiencia
histórica, psíquica y existencial. De las
inefables fronteras, nunca fijadas, siempre en continua redefinición,
que separan la verdad de lo verosímil, la razón de la locura, la realidad de la
ficción o la vida de la muerte.
La idea sobre
la que se construye este nuevo número de Individualia surgió debido a la
conjunción de unas letras, iniciales de unos nombres propios, y un número, que
reunía dichos nombres en el contexto de la celebración de una efeméride. Un trío de jotas y el número 27 como signo de
referencia del umbral que separa la vida de la muerte: Janis Joplin, Jimi
Hendrix y Jim Morrison forman parte de la historia de la música popular del
siglo XX, no solo por el significado de sus composiciones e interpretaciones,
sino porque traspasaron ese umbral definitivo a una edad en la que se es
demasiado joven para morir.
Individualia
10 quiere que este número, dedicado a las diferentes formas en las que los
umbrales se significan en la realidad contemporánea, sea un homenaje a estas
vidas que han marcado el ritmo de mi generación. Como cantaba Ian Anderson al
frente de Jethro Tull (otra “j”):
they're too old to rock 'n' roll
And they're too young to die