Hospitalidad
Pa' una ciudad del norte
Yo me fui a trabajar
Mi vida la dejé
Entre Ceuta y Gibraltar
(Manu Chao)
Hay personas más o menos hospitalarias. No sé si hay pueblos, comunidades o países más o menos hospitalarios. Siempre sospecho de los juicios que se refieren a “colectivos”, normalmente reflejan prejuicios positivos o negativos. No amo ni odio a ningún colectivo, los sentimientos solo los dirijo hacia las personas. Aunque he de admitir mi recelo ante ciertos grupos: abogados, periodistas deportivos, “patineteros” o políticos, por citar solo algunos. Abrigo ciertas dudas sobre el multiculturalismo y su voluntad hospitalaria con respecto a ciertos colectivos, sobre la posibilidad de convivencia de individuos con culturas antagónicas. Y no es menos cierto que vierto las mismas dudas sobre la posibilidad de convivencia de individuos que pertenecen al mismo grupo, cultura, etnia o nacionalidad (sea esta histórica o no). Me importa un bledo la procedencia de mis vecinos, mis amigos, mis adversarios o el resto de individuos que forman parte de mi entorno, dintorno o contorno (Véase Gustavo Bueno). Mis criterios para diferenciar entre individuos no entienden de, como se decía hace unos años, sexo, raza o religión (o país de procedencia). Una de mis pocas certezas es que sufren las personas -no los pueblos, no las abstracciones, no las banderas, no los símbolos. Como todo lo humano, la hospitalidad tiene sus límites. El multiculturalismo referencia una gran abstracción, léase convivencia de culturas o alianza de civilizaciones. Occidente impenitente no falta, sobre el papel, a las citas con la historia. Vamos de abstracción en abstracción: Occidente es una de ellas. Occidente es responsable de la dinámica geopolítica contemporánea (Oriente también reclama su parte de responsabilidad). Los colonialismos de siglos pasados pasan factura al orden geopolítico contemporáneo. Los que dirigen y diseñan el orden mundial, políticos y oligarcas, dirigen su mirada oblicua a los que sufren bajo sus imperativos. Siempre los mismos, con otros rostros, pero los mismos.
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