El pacto
Always look on the bright side of life
For life is quite absurd
Forget about your sin, give the audience a grin
(Monty Python)
Aplazo y constato que se abren las heridas. Digo que no debo decir “mañana”. Digo que el tiempo no se atrapa, ni se usa ni se guarda. Supongo que como muchos de mi generación tengo el tiempo pegado a mis viejos huesos, dibujando en mi piel un naufragio de anhelos. No soy alguien especial, comparto con mis congéneres una cierta decrepitud física que se anuda a una singular neotenia mental y afectiva(1). La conjunción bascula entre la pesantez de la moderación y la levedad del exceso, el pacto con una realidad que me sobrepasa y la tentación de abismarme en el vértigo de la imprudencia. Enzo Formaggio, en su obra INTENCIONES Y TENTACIONES, plantea la cuestión en estos términos: ¿Asumir el desorden que introduce el deseo y someterlo al imperativo del amor o contemporizar con el orden amoroso que introduce una lógica polivalente en la dinámica del deseo? La pregunta es el único contenido del epílogo del libro. Y uno se pregunta: ¿por qué pone al final lo que debió ser el comienzo? No obstante, el "debe" que utilizo me genera una cierta incomodidad, porque ¿quién soy yo para prescribir rectas estructurales a nadie?
(1) Me precipité en mi observación referente a los rasgos de mi generación. De hecho, la Asociación de Sesentañeros de la Vega Media del Segura, me ha dato un toque de atención al respecto: no están dispuestos a aceptar el término "decrepitud", en particular, su presidente, el insigne etimólogo A. L. (solo pongo las iniciales porque es de dominio público su aversión a la notoriedad y su aversión por el espectáculo). Así que entono el mea culpa, reconozco mi exceso y me dispongo a cumplir la impuesta penitencia.
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