All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


martes, 19 de mayo de 2026

PECIO 2209: LA RAYUELA

 La rayuela

 Ricordare il primo giorno che

            Sei salita sulla moto mia

                    Noi due soli senza compagnia…

                                                    (Drupi)

 

Publiqué un libro en 2015 con el título Café y humo en el laberinto. El último capítulo era una selección de aforemas. Rescato el número 43 porque la cuestión que planteaba me sigue resultando irresoluble:

“En el principio fue la alegría. Después, la nostalgia. Y al final, la melancolía. ¿Cómo trazar la línea que las une?”

¿Cómo reconstruir una vida con fragmentos que ya no encajan? ¿Qué quedó de la trama fruto del azar que inventó un cruce de miradas?

Un pecio tras otro en esta primavera que no termina. Un pecio tras otro a pesar de que uno sabe que la escritura es la tecnología más sutil que tenemos para construir con palabras el hogar donde habita la pesada levedad del autoengaño.

Yo también estuve convencido de que existía la rayuela y que llevaba hasta el cielo. Cada palabra poética era una piedrecita que anulaba la distancia entre la mano y la rayuela. Leo en Enzo Tornatore (cuando habla de Cortázar): “Sólo había que tirar la piedrecita con mucho tino y cuidado, besarla antes de soltarla, acariciarla y susurrarle un verso con su rima”. Yo también estuve convencido de que al llegar al cielo ya no habría tiempo ni frio ni silencio. Porque ese el sueño que contiene la piedrecita: no sentir temor ni temblor en la vida. No me daba cuenta de que la rayuela solo es algo que se pinta en el suelo. 

 


 

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