Responsabilidad
No soy la foto del carnet
No soy la luz en el balcón
Yo solo soy el que llegó
Y el que se fue
No sé muy bien a dónde voy
Para encontrarme búscame
En algún sitio entre la espada y la pared
(Fito y Fitipaldis)
No hay otra, no hay más remedio que resistirse a todo intento de reducir al individuo a cualquiera de las formas de subjetivación que lo definen y lo limitan: ciudadano, proletario, disidente, militante, obrero, intelectual, padre, madre, hijo, votante…La ficción de ser uno es la proyección subjetiva de los otros en su afán por desactivar la amenaza que genera lo múltiple. La ficción de la identidad tiene tal fuerza que nos obliga a pensar que su contrario no es más que disfunción o patología. Jamás entenderé la expresión “ser uno mismo”. ¿Acaso podemos ser otros? Nunca entenderé el precepto budista que invita a encontrar nuestro verdadero yo, el yo interior, el que se esconde tras la máscara del ego. Sé que hay persona y hay personaje. Sé que la máscara del personaje se superpone a la persona. Sé que la persona también porta su máscara. No hay yo verdadero. No hay yo falso. Mis palabras y mis actos son el resultado de los conflictos, las treguas, las tácticas, las estrategias y las luchas que libran las múltiples fuerzas que me habitan. Me abismo en la paradoja: sea la persona, sea el personaje, la responsabilidad ante los propios actos es inevitable, el mejor antídoto contra el victimismo y el integrismo irenista.
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