All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


lunes, 24 de agosto de 2026

PECIO 1511: DIOS / TRASCENDENCIA (3)

 Dios / trascendencia (3)

 

I'll stand before the Lord of Song
With nothing on my tongue but Hallelujah

(Leonard Cohen) 

 

“La crisis actual de la religión…” Así comienza Byung-Chul Han el primer capítulo, “La atención”, de su libro SOBRE DIOS. Han no especifica de qué religión se trata, por tanto, debo suponer que habla más bien del sentimiento religioso que de alguna religión concreta. Por una parte, la afirmación de Han contrasta con el poder de la estadística. Según el Pee Research Center y la base de datos Statista, el 75’8 % de la población mundial se identifica con algún tipo de religión. Sólo el 24, 2% se adscribe a alguna forma de ateísmo o agnosticismo; por otra, temo que mi suposición no es correcta. A lo largo del libro queda claro que la religión a la que se refiere es el cristianismo europeo. Han nos transmite la fuerza del efecto metonímico cuando adopta la forma de la sinécdoque: toma la parte por el todo al identificar la crisis de la religión cristiana (en Europa, para más señas) con la crisis de la religión. El efecto metonímico lleva a Han a identificar la causa: “el declive de la atención”; y a extraer un corolario de filiación nietzscheana: “No es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba”. La parábola del hombre loco propuesta por Nietzsche en parágrafo 125 de LA GAYA CIENCIA, en la que un hombre busca a Dios a mediodía con una linterna encendida, suscitando con ello la burla de los presentes, sufre en Han una inversión similar a la que Nietzsche proponía para liberarnos del platonismo. Si la cuestión es la pérdida de la facultad de contactar, de algún modo, con la divinidad, si es el abandono de la espiritualidad (y ya sé que hay espiritualidades no religiosas sensu stricto), entonces, hay que obviar el diagnóstico nietzscheano y retroceder hasta el Gólgota para preguntarse: Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

 


 

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