All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


domingo, 28 de diciembre de 2025

Notas sobre la seducción al hilo de lo dicho por José Ovejero en Jot Down (nº25)

 Lecturas

Notas sobre la seducción al hilo de lo dicho por José Ovejero en Jot Down (nº25)

 

Demasiada niebla en mi corazón desconcertado, el mismo que aquel día estalló al alba. El extraño spin que posibilitó el fugaz encuentro se ha detenido mientras buscaba razones y motivos para no caer en la tentación de las reactualizaciones nostálgicas, en la burda seducción que ejerce la atracción del abismo.

                       (Luigi Cesare: El amor y otras batallas)

 

En la seducción se invierte en el dominio del universo simbólico del seducido, el poder, sin embargo, se centra en el dominio del universo real del seducido. No obstante, todo poder se sostiene sobre un universo simbólico: el fascismo italiano, el nazismo alemán el comunismo soviético, o los relatos en los que se apoyan los sistemas democráticos contemporáneos.

“Un seductor es un adulador con encanto”, dice acertadamente José Ovejero en “El poder de la seducción y viceversa” (Jot Down, nº 25): se adapta a lo que agrada al seducido para conseguir dominarlo. El concepto genera su propia red de significados cuya característica común es estar dotados de una cierta “oscuridad” trascendental: la seducción de Eva por la serpiente; destructiva del alma que finaliza con el abandono: la seducción de Don Juan o de Johannes en Diario de un seductor de Kierkegaard; destructiva de la moral: libertad de Eugenia frente a la moral en la Filosofía del tocador de Sade; destrucción física del seducido: Simone en Historia del ojo de Bataille; Autodestructiva: el final de Valmont y la marquesa de Merteuil en Las amistades peligrosas.

No obstante, la seducción, conservando sus carácter lúdico y sus rituales, puede deshacerse de ese halo de oscuridad cuando hay reciprocidad y retroalimentación del proceso por parte del seductor y del seducido, llegando incluso en ciertos momentos a intercambiar los roles de partida. La representación del juego implica una transformación consciente de los participantes que asumen el reto de enmascararse para el otro sin un objetivo concreto, salvo el que depare el desarrollo de la trama que transcurre sin guion establecido. Se trata de dejar de ser uno mismo (si es que esta expresión tiene algún sentido) y jugar a ser otro, sustituir la pesadez de la existencia por la levedad que crea la representación. Y es que a veces uno siente la necesidad de crear, aunque solo sea por unos momentos, un mundo propio (compartido con la persona adecuada) a fin de no perecer en el mundo de los demás. Desde esta consideración final, ¿qué importa quién sea el seducido y quién el seductor? 

 


 


sábado, 27 de diciembre de 2025

Le Dancing Pepa Swing Band: Concierto del 21 de diciembre de 2025

 Le Dancing Pepa Swing Band

 Ocurrió el 21 de diciembre de 2025. En La Puerta Falsa de Murcia, mi paredro y yo descubrimos que hay una discontinuidad espaciotemporal que conduce directamente a Congo Square, al Carnegie Hall, al Teatro Apollo o al Ronnie Scott’s. Dicha traslación se produjo por la mediación de una banda de cinco músicos que responde al nombre de Le Dancing Pepa Swing Band: un saxo, un trompeta, un guitarra, un contrabajo y un batería. No eran Louis Armstrong y sus Stars, ni Miles Davies con el cuarteto que produjo Kind of Blue. Ni falta que hace.  

Un repertorio ajustado a los estándares del género en el que no faltaron los clásicos Basin Street Blues y Saint James infirmary y When the Saints Go Marching in, entre otros.

El saxo, líder de la banda, determinaba el orden de ejecución de las diferentes piezas, dominaba la escena y establecía los solos del resto de los músicos. Y, además, cantaba.

El solo del baterista se hizo esperar, al igual que el del contrabajo, pero cuando llegaron fue como un huracán que arrasó con cualquier atisbo de pusilanimidad que pudiese haber en la sala. El talante discreto que habían mostrado durante el concierto, dejó paso a una manifestación sonora producida por unas baquetas que parecían haber cobrado vida y unas cuerdas que nos reconciliaban con la vida.

La sobriedad del guitarrista, con solos discretos y muy bien ejecutados, contrastaba con la incursiones sonoras del trompetista que hizo de la sordina el arma ideal para sacudir nuestra sensibilidad musical.

En definitiva, el concierto de Le Dancing Pepa Swing Band nos hizo pasar un buen rato, bailar en la medida de nuestras posibilidades y disfrutar de la música en un entorno idóneo. 

 

 


miércoles, 19 de febrero de 2025

Aforema 1902 Sentido

 

Sentido

 

    La cuestión es el sentido: de la vida, de una relación, de un trabajo, de cada una de las cosas que hacemos o del conjunto de la vida que llevamos. Aventuro una hipótesis: el sentido es el sinsentido que uno deja, al que renuncia. ¿Qué es el “sinsentido que uno deja”? Es la intención directa del sentido. ¿Qué queda tras la renuncia a la intención directa del sentido? El sentido como algo indirecto, mediatizado por el hacer no por las expectativas o las pretensiones que anidan en nuestra mente. Veamos. La intención directa del sentido consiste en buscar el sentido en sí, sin mediaciones: el sentido abstracto basado en un ideal. Pero dicho sentido no existe, lo ideal no es real (al menos, en este mundo). ¿Quién se embarca en la búsqueda de tal abstracción? Quien lamenta la pérdida de un sentido que antes existió (o que presuntamente se dio) y afronta este déficit de desde una perspectiva errónea: una sobre-expectativa de sentido, es decir, una pretensión de sentido excesiva. Dicha pretensión conduce inexorablemente a la frustración. La búsqueda o el hecho de otorgar un sentido se convierte en un problema irresoluble (a no ser que nos refugiemos en una religión o en un saber ancestral impregnado de gnosticismo místico). El remedio, pues, no es otro que la reducción de ese exceso de sentido mediante una dietética aplicada a nuestras expectativas (o esperanzas). El sentido
solo es alcanzable si lo consideramos con cierta modestia, de un modo indirecto a través de un conjunto de mediaciones: el trato cotidiano, la sensualidad, el afecto explícito, el respeto, la comprensión, el sexo… Si queremos escapar de las trampas de la nostalgia, hay que renunciar al sentido directo y aceptar que este se forja en los detalles cotidianos, en la renuncia a la perfección, en la afirmación de la vida (sin pretensiones excesivas) y la renuncia al ideal. El sentido no es algo que se pueda encontrar, sino la resultante de un modo de vida, de un modo de pensar, obrar y actuar en un contexto determinado en el que se ubica la praxis cotidiana. Todo lo demás son fantasías, quimeras, artefactos abstractos o ilusiones sin ningún tipo de anclaje en la realidad, eso sí, sabiamente administrados por los hierócratas del sentido en el boyante negocio de la producción y suministro de felicidad de esta absurda sociedad contemporánea.

 

 

martes, 18 de febrero de 2025

Aforema 1703 Mínimos

 

Mínimos

Es cuestión de mínimos, dijo el diletante mientras se servía un licor de crema de Limoncelo. Todo se reduce al mínimo, contestó su interlocutor -etimólogo de raza y hacedor de poemas en los que se sugiere que el mejor verso es aquel que no se escribe. ¿Mínimos besos y mínimos roces?, preguntó el escéptico. Todo es cuestión de mínimos, sexo al mínimo y en retroceso, todo se reduce al mínimo para engendrar su contrario: un mínimo roce produce un máximo malentendido. La piel se petrifica y el sentimiento huye por la salida de emergencia. Los abrazos ya no cotizan en la bolsa de la afectividad. El rostro se encoge y el cíclope pierde el único ojo que le permite seguir con vida. La rayuela se transforma en un laberinto mientras se disuelve la piedrecita. Ya no hay silencio que interpretar y los sonámbulos se despiertan. En la oficina de objetos perdidos hay corazones que nadie reclama. Todo se reduce al mínimo, incluso la voluntad de no dejar pasar un día sin un mínimo común denominador.