ARTE (En 10 micropecios)
Are
you warm, are you real, Mona Lisa?
Or just a cold and lonely, lovely work of art?
(Nat King Cole)
Nunca he pretendido realizar una hermenéutica del arte. Ni tengo formación ni ganas. Me interesa el arte como hermenéutica crítica de la realidad. Y no todo lo que llamamos arte, sino el popular, concretamente la música: el jazz, el blues, el pop-rock… No obstante, me tomo la licencia de sugerir algunas consideraciones sobre la cuestión:
1. La pregunta “¿qué es (el) arte?” es un ejemplo –como “¿qué es filosofía?”- de lo que llamaré emisión anómala, es decir, cuestiones que contienen expresiones que son inmunes a la regularidad semántica. Cuando es formulada suele inducir un estado de parálisis intelectual que conduce al silencio, al balbuceo, al despropósito o a un libro de mil páginas del que salimos igual que entramos, es decir, sin poder responder a la pregunta que motivó la lectura.
2. La RAE lo define como la “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.” Salvando la cuestionable característica que apunta al desinterés del artista y al papel de las instituciones que lo han financiado y lo financian, la definición es tan extensa que abarca todo y no dice casi nada.
3. “No existe, realmente, el Arte. Tan solo hay artistas”, dice Gombrich en su HISTORIA DEL ARTE. No existe una esencia del arte, un rasgo universal que se de en todas y cada una de las obras. No obstante, el célebre historiador pretende establecer una frontera entre los diferentes productos de la actividad humana (poiesis o techné), un principio de exclusión: la obra de arte debe expresar los valores profundos de la humanidad y transmitir un sentido de espontánea armonía. El problema es cómo identificar dichos valores profundos y cómo encontrar una definición plausible de armonía.
4. Podríamos proceder inductivamente e intentar encontrar una característica común al conjunto de las obras artísticas. Pero esta estrategia exige una petición de principio: al identificar un conjunto de producciones humanas como obras artísticas a fin de extraer de ellas una definición manejamos implícitamente en nuestro procedimiento una definición de aquello que pretendemos definir.
5. Podemos optar por la relativista y nihilista afirmación de quien fue profesor de arte de la Universidad de Padua, Dino de Formaggio: “Arte es todo lo que el hombre llama Arte”. Pero dicha afirmación es una perogrullada o una boutade, dado que es el hombre, en definitiva, quien pone nombre a las cosas.
6. Me permito la licencia de emitir una ironía de carácter peripatético: el arte, como el ser, se dice de muchas maneras, de tantas que no hay manera de decir qué es el arte. Existen graves dificultades para encontrar un rasgo común a todas las obras consideradas artísticas, no obstante, intuimos, entre unas y otras, un cierto aire de familia, un cierto parecido. Eneldo Pirisi propuso una definición operativa que podría ser enunciada como sigue: El arte es una actividad productiva, en sentido aristotélico del término, que consiste en manipular y/o transformar la materia (plástica, sonora, lingüística, etc.) para que en ella habite una idea con la posibilidad de generar conocimiento, emociones o sentimientos.
7. La obra de arte es un producto que como el resto de producciones humanas puede presentarse como una crítica del poder establecido, o lo contrario, un instrumento al servicio de las élites económicas y políticas. Siempre ha sido una mercancía sometida a las leyes del mercado (incluso cuando este no existía en su forma actual y obedecía a las imposiciones del mecenazgo, de la religión o de la corte) y es un producto financiero de ningún modo ajeno a la especulación económica de museos, galerías, coleccionistas…
8. El artista, como el intelectual, cuando se presenta como un mediador entre lo ideal y lo real, se convierte en un sacerdote.
9. El régimen político de turno censura unas obras y fomenta la producción de otras. El comunismo soviético con el argumento del materialismo histórico y la falsa dicotomía arte socialista/arte burgués. El capitalismo omnívoro con su capacidad para convertir cualquier cosa en mercancía (Véase el caso Blansky y su Girl with Balloon.
10. Toda distinción entre artista y artesano no es sino un efecto del poder manipulador de las ideologías. El concepto contemporáneo de artista es una herencia perversa del romanticismo.
13 comentarios:
Sobre el intento de definición mercante-productiva de Eneldo Pirisi, ínclito esteta: "idea con posibilidad de...", potencia a acto, lavada de manos: como casi cualquier comportamiento o actividad humana, el arte (acúnese donde y como se acune, viva donde y como viva) "podría" suscitar conocimiento, emociones o sentimientos. Como mi amor por Eloísa, como mi gusto por la matemática, como mi afición al cuidado de los crisantemos.
Sobre el micropecio 10: ¿luego no distinguimos poiesis de pragma? ¿luego crear cosas es lo mismo que saber hacer cosas?
Estimado anónimo 1: espero que su amor por Eloísa por muy intenso y artístico que sea, no acabe como acabó el de Abelardo; de su gusto por la matemática ni me pronuncio aunque esta refleje el orden natural (Galileo dixit); Ahora bien, los crisantemos ya son otra cosa, sobre todo son siete y como dice el poeta "también en el infierno llueve sobre mojado..."
Estimado anónimo 2: Es notoria su sabia distinción entre poiesis y pragma, entre creación y repetición. Ahora bien, como usted sabe, el maestro Aristóteles incluía ambos procesos (el creativo y repetitivo) en su noción de techné. La figura del artista creador surge en el Renacimiento y se consolida en el Romanticismo. Leí un artículo suyo en el que definía la creación como el proceso de organizar lo dado de un modo diferente a como se había organizado hasta ese momento. Leí también que, en definitiva, crear es repetir de otro modo. Así que su crítica ha generado cierta perplejidad en mi peciosófica alma. Quien crea es porque sabe, quien sabe, puede crear. Le invito a seguir reflexionando sobre esta distinción. Un saludo.
¿Luego la "Medea" de Eurípides y la reproducción iluminada pergeñada por el monje copista en la escribanía de Toledo son de la misma naturaleza (creativa, poética, artística, artesana, pragmática o con lo que guste prolongar), dice usted?
Estimado anónimo: con la Iglesia y Grecia nos hemos topado. La naturaleza de ambos es tecnológica, como todo lo que sale de la mano, la boca o...del ser humano. Si usted desea jerarquizarla, no tengo ningún inconveniente, pero debe atenerse a las consecuencias. No conozco al monje y no cita usted obra alguna del casto varón, así que observo que el prejuicio está firmemente instalado en su voluntad clasista. ¿La última cena de Da Vinci es de diferente naturaleza que la de Warhol?
Sencillamente la de Warhol versiona la de Da Vinci, no la re-produce, no es una copia inidentificable en su contenido con el original. Quien la "lee" no lee la de Da Vinci, "lee" la de Warhol.
La actividad del monje copista, reproduciendo el texto de "Medea" es la misma, es de la misma naturaleza (¿creativa?), que la actividad de Eurípides cuando la escribió, según entiendo de su condescendiente respuesta, no menos prejuciosa, no menos clasista.
Leeremos el mismo texto, con el mismo contenido, pero Eurípides y el monje copista ¿han hecho lo mismo?
Estimado anónimo: alabo su oportuno comentario pues tiene la virtud de introducir un nuevo parámetro en la discusión. Entre la creación y la reproducción o repetición, tenemos ahora la versión. ¿Crea el que versiona como crea el que produce la versión original? ¿Las obras del que versiona y del que crea son de la misma naturaleza? Espero impaciente su respuesta.
Nada como salirse de cuadro para no responder, nada como introducir otro parámetro para evitar la respuesta a la pregunta que le proponía: Eurípides y el monje copista ¿han hecho lo mismo?
Por otra parte, ¿es de la misma naturaleza la actividad del autor de la definición de Arte de la RAE que la suya al copiapegarla aquí?
Y sea la respuesta sí o no, ¿no convendría usted en que ni el que crea ni el que versiona lo hacen ex nihilo, en que algo hay en su mente y en su corazón, en que nadie ya "origina", pero sí "crea" a partir de lo que es y lo que ha sido? ¿No afirmaría -así fuera de boca mansa y prudente- que el que versiona no reproduce, no comercializa, no fabrica (salvo que lo hiciera mil veces, pero la actividad sería distinta), como el falsificador de las efigies cicládicas de Modigliani, que incrusta la firma de Modigliani y evita la propia, consciente de su tropelía intelectual, para hacerlas pasar por originales modiglianescas?.
Estimado anónimo: Me limite a constatar que usted había introducido un nuevo parámetro. Me ha desenmascarado al localizarme fuera del cuadro, entono el mea culpa. Es evidente que Eurípides y el monje anónimo no han hecho lo mismo. La cuestión es desentrañar en qué consiste eso de no hacer lo mismo: Si uno es creador y el otro un simple repetidor. Ya que no tengo respuesta definitiva (no las tengo para casi nada), apelo a su condescendencia y le invito a que me ilustre sobre la noción de naturaleza que utiliza a fin de saber de qué estamos hablando. Me temo que hemos polarizado la cuestión al establecer la dicotomía CREAR/REPETIR. Por supuesto que convengo en que quien crea lo hace a partir de algo (salvo Dios, claro está). Reflexionaré sobre su última propuesta pues introduce un nuevo término: la falsificación (y la firma).
Polarizar la cuestión. Acabáramos. Cómo se ha impuesto la palabra y la idea en las cosmovisiones contemporáneas.
De palabras e ideas, al hilo de su capciosa incitación a definir naturaleza: cuando al filósofo no le cuadran (¿convienen?) las palabras apela a las ideas; cuando no le convienen o le molestan las ideas cuestiona o se agarra al uso de las palabras, las redefine o invita a redefinirlas (como si hubieran nacido hoy y no estuvieran convenidas como las demás en este contexto discursivo) para crear un nuevo marco dialéctico más favorable. En fin.
Vicios del filósofo, acaso del etimólogo, no se descarta. Pero ¿también del peciósofo?
El que se haya impuesto la palabra no debe ser óbice para no utilizarla. Allá los que siguen las modas, yo intento obedecer a la gramática. Así que su acusación podría tildarse de capciosa y malintencionada. Hoy sigo "filtrando" con el colador de mi cocina a pesar del uso incontinente del verbo filtrar en el ámbito futbolístico. Me acusa usted, de un modo soterrado, de ventajista, simplemente por pedir una caracterización (ni siquiera una definición, en las que no creo, vaya por delante) de una palabra. Se lo pasaré porque me someto al principio de la discusión racional: quizás el otro lleve razón. Y si se trata de vicios, me abstengo de los lingüísticos y me aferro a otros, más vulgares pero más placenteros. Un saludo.
Querido Individualista: lo que cuestiono es que haya polarización en la dinámica crear/repetir, si acaso diversidad, si acaso secuencia. Creo que la palabra aquí ha movido la mirada, pero comparto con usted la legitimidad y conveniencia del uso de cualquiera sea la palabra, por más o menos esté en el correr de los tiempos.
Y no acuso, sino que constato un vicio, acaso una herramienta, de esas que tiñen a veces el discutir de los filósofos. Solo le advierto, por si se ha despistado y ha cogido por error un martillo equivocado, cual malleus maleficorum. Cierto es que advierto en usted afán de hallar verdad y bonhomía dialéctica, disculpe si le ha resultado ofensiva mi observación. Solo pretendía iluminar la charca.
En cuanto a los vicios, cada uno los suyos. Y vaya servido. Pero ocurre como con su observación sobre el uso pertinente de términos más o menos a la moda: cada cosa lleva los suyos y no sobra subrayarlos. Los otros se subrayan solos.
Agradezco su saludo y lo devuelvo. Por demás, tomada nota de su honesto esfuerzo explicativo y hermenéutico, me he permitido realizar ciertas observaciones y manifestar algunas divergencias. Espero no haberle molestado. De ser así, aquí cierro capítulo. Quede a su albur qué sea la "naturaleza" de las cosas, descanse en su pecio este diálogo naufragado.
Un abrazo.
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