All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


viernes, 7 de abril de 2023

Aforema 0939 Escepticismo 2

 

 Aforema 0939           Escepticismo 2

 I said try try try try try try,
Oh try oh yeah, try oh yeah! 

(Janis Joplin)

Hay otro modo de entender lo trágico que se aleja de nuestra concepción cotidiana del término. Otro modo que lo vincula al escepticismo, a la duda, a la premisa de que es más importante observar que deducir (Marquard). Ubicado en un mundo plural que me invita a no subyugar mi intelecto y mi voluntad a una única cosmovisión, a una única filosofía o ideología, a no sucumbir al monismo en sus diferentes versiones (política, económica, etc.), adopto como guía para el pensamiento y la acción la idea de que es preferible soportar ciertas contradicciones a rendirse a cualquier solución meramente aparente.

De aquí se deriva un corolario, a mi juicio, inevitable: La oportunidad de vivir con formas de pensar que me resultan extrañas (en ocasiones, ininteligibles) y aprender de ellas. El conflicto interior es inevitable. El escepticismo es una forma de rebelarse contra la unicidad en el pensamiento y en la acción. Es un modo de asumir la inexorable tensión entre el sí y el no, entre lo racional y lo irracional, entre lo necesario y lo contingente, entre la tradición y la innovación. El escepticismo es una lucha incesante por no seguir siendo tan estúpido, es decir, por no anclarse en una posición en la que uno cree tener razón a toda costa o a cualquier precio.

 

 



martes, 4 de abril de 2023

Aforema 1920 Escepticismo 1

 

 Aforema 1920     Escepticismo 1

No es fácil ser escéptico. Lo intento, pero solo en contadas ocasiones lo consigo. No es fácil dedicar el tiempo suficiente y necesario a observar cuidadosamente una cosa o una idea. Me precipito con facilidad y juzgo con apremio aquello que exige un examen más atento. Ser escéptico exige mucha disciplina, un adiestramiento riguroso en el arte de la observación, un ejercicio continuo de paciencia intelectual y una actitud cautelosa y prudente ante el objeto de estudio. No hay actitud escéptica sin circunspección. Es cierto que el escepticismo ha configurado escuelas filosóficas, pero cuando rebasa el ámbito de ser una actitud ante el mundo, cuando se convierte en doctrina, se contamina de dogmatismo irreflexivo –perdonen el pleonasmo- y se pervierte, es decir, se neutraliza a sí mismo y se transforma en un espejo de aquello a lo que dirige su mirada.

 


domingo, 2 de abril de 2023

Aforema Cluniano 1954 El error

 Aforema Cluniano 1954             El error

 "Un sonido muy lejano llega hasta mis oídos..." (Burning).

Ayer me pasé por el Cluny. Era una de esas tardes en las que el gris cubre toda la acuarela que representa la vida. El optimismo que destila la canción de Toquinho no podía superar la barrera de mi epidermis afectiva. Así que decidí tomar una cerveza en el bar que cobija mis desvaríos y mis imposturas. Arcadio, siempre tan fino y observador, detectó rápidamente las grietas que escondía mi alma. Cerveza en mano me espetó de un tirón:  

"Quizás –y digo solo “quizás”- aprenderíamos algo –y no digo “mucho”- de nuestros errores –entienda cada cual por “error” lo que estime oportuno-, si, en vez de intentar justificarlos, simplemente pusiésemos toda nuestra voluntad en reconocerlos: sin excusas, sin evasivas, sin condicionales contrafácticos, sin jesuitismo y sin subterfugios. Quizás –y digo solo “quizás”, entonces, podríamos abrirnos a nuestra finitud de un modo claro, consciente, racional y afectivo. La vida es demasiado breve como para persistir en el error. La estrategia no sería otra que compensar nuestras inevitables faltas con el reconocimiento de nuestra insensata persistencia victimista seguido de un sí implacable a la vida: un propósito de enmienda teñido de un cierto estoicismo exento de resignación y un cierto hedonismo físico y espiritual."

Volvía a casa con la certeza de que yo no era un ejemplo de lo expuesto por mi amigo. Revisé ciertos momentos importantes de mi vida y concluí que en las ocasiones significativas había errado y había persistido en el error. Había fabricado todo tipo de inventivas para exonerarme de mis errores. Como juez de mis actos fallidos había prevaricado vilmente sin ningún tipo de pudor o escrúpulo.

Quizás ha llegado el momento de enmendarme y girar ciento ochenta grados. ¿Quizás? No. Es una tarea innegociable, insoslayable, necesaria. Me va la vida en ello.