All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 1 de enero de 2026

Filosofía y herramientas conceptuales

 

Filosofía y herramientas conceptuales

Esto es lo que dice José Luis Pardo en una entrevista reproducida en su libro Nunca fue tan hermosa la basura (Galaxia Gutenberg, 2010).

Desde este punto de vista me opongo, por tanto, a la tesis de que las doctrinas del tipo que sean se pueden utilizar comocajas de herramientas”, y desde luego yo no he pretendido (otra cosa es lo que haya logrado) usar a Platón, Aristóteles, Richard Sennett o Hannah Arendt como instrumentos. A lo largo del libro (y partiendo de un párrafo de Pierre Bourdieu) he insistido en tomar precauciones contra una actitudescolar” oescolástica” que justamente consiste, entre otras cosas, en creer que los "conocimientos"carecen de rigor o rigidez y que por tanto se dejan utilizar para construir cócteles más o menos adaptados a las necesidades de cada cual.  Son este tipo de cócteles los que -utilizando a los diversos pensadores comocajas de herramientas” flexibles y moldeables ad líbitum- fabrican, si he entendido bien, aquellos a quienes llama usted niños formales, productos escolares que sólo escolásticamente pueden subsistir y que son completamente inoperantes fuera de la escuela. Y es a ellos a quienes describo, entre otros, como el tipo de sofistas que impiden a sus discípulos salir del colegio y aspiran a una tutela (y por tanto a una retribución) de por vida, aunque a eso se le llameenseñar a ser buen ciudadano”.

 

Esto es lo que dije (y digo siempre que tengo la oportunidad) en una contribución audiovisual para el Ciclo Filosofía en tiempos de pandemia organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura en 2021:

¿Qué es la filosofía? Es quizás una de las preguntas más embarazosas que se le puede hacer a un filósofo. Hay tantas definiciones del término “filosofía” como filósofos han existido. Para Platón era amor a la sabiduría, para Aristóteles, la ciencia de los primeros principios y las primeras causas, en la Edad Media era una sierva de la Teología y Kant pretendió hacer de ella una ciencia. Hay libros de 500 páginas con el título ¿Qué es la filosofía? Es curioso que la filosofía sea la única disciplina que continuamente se pregunta por sí misma. De hecho, la pregunta qué es la filosofía es una pregunta filosófica. Sea lo que sea, yo entiendo la filosofía y su historia como una caja de herramientas compuesta de conceptos e ideas que tengo a mi disposición para analizar la realidad y obrar en consecuencia. Diría que soy un escéptico con identificaciones débiles. Escéptico porque creo que no existe la verdad absoluta y definitiva, como mucho “verdades” provisionales; conjeturas y refutaciones, diría Karl Popper. De “identificaciones débiles” porque a) siempre pienso que puedo estar equivocado y que es mi interlocutor el que podría llevar razón; b) porque siempre estoy dispuesto a cambiar de posición si los argumentos de mi interlocutor son convincentes. 

  

  


 

El dilema. Aforema 1131

 

 El dilema. Aforema 1131             ¿AÑO NUEVO?

     Los términos “apocalípticos” e “integrados” fueron propuestos por Umberto Eco para diferenciar dos actitudes ante la eclosión y consolidación de la cultura de masas, un fenómeno social, económico, cultural y político, propio y específico del siglo XX. El apocalíptico es pesimista con respecto al advenimiento de la cultura de masas, pues, a su juicio, ésta ha democratizado lo que es esencialmente aristocrático. El integrado es optimista, la cultura de masas borra el carácter elitista de los productos culturales y los pone al alcance de todos los ciudadanos. Para el apocalíptico, la cultura de masas es la anticultura. Para el integrado, es la extensión de la cultura al pueblo. 

    Si yo fuese un miembro del grupo apocalíptico, diría que un nuevo año es la misma mierda, pero con un número diferente. Si, por el contrario, fuese un integrado, diría que un nuevo año marca un tiempo de nuevas oportunidades para evitar, en la medida de lo posible, remover la mierda de la que hablan los apocalípticos. Como no pertenezco a ninguno de los grupos mencionados (o, mejor dicho, tengo tanto de apocalíptico como de integrado) diré, como Karl Kraus, que entre las dos opciones -fruto de un dilema trivial y estúpido- elijo la tercera. 

 


 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Levedad, pesantez, densidad. Aforema 1717

 Levedad, pesantez, densidad. Aforema 1717

 

 

Dice el talabartero que devino poeta:

 

Ahora estoy caído

y soy todo peso,

(…)

Venga la levedad como pueda,
de donde sea.

 

            Digo yo, casi grito: junto a la levedad y la pesantez, la densidad, de la vida, en la vida. El tiempo denso forjado a ritmo lento de ciertos fragmentos cotidianos, de ciertos pecios existenciales que zozobran, a veces, sin orden, sin propósito, sin meta…Tiempo denso en el que nos abismamos al ceder al peso de las emociones y sentimientos liberados del corsé del silogismo y del razonamiento. Tiempo denso que nos eleva al fusionarnos con el instante cuando los límites físicos ceden ante la inevitable comunión de los espíritus: amor, empatía, simpatía, sexo…No obstante, el tiempo denso, siempre contingente, deviene ficción necesaria cuando se resiste a su propia contingencia. Porque ni siquiera el artista puede escapar del hecho de que con su obra solo capta el rastro que deja la fugacidad. Porque como decía el filósofo: “La ligereza tiene plomo en las alas”.