Alegría
When the night has come
And the land is dark
And the Moon is the only light we'll see
No, I won't be afraid
(Stand by Me)
Conocer es interpretar. Leer es interpretar. Y esto significa: crear o más bien recrear la historia que nos narran. Y esto significa recrear el verso que no hiere o nos salva o nos deja indiferentes ante la implacable violencia que ejerce la palabra. Entrar en un libro, recorrer sus páginas es dejarse seducir por las palabras. Es golpear la puerta de la caverna que esconde, celosa, el ritmo de un verso o la musicalidad de una rima. Es violar el espacio íntimo del poema, violentar su sintaxis para acomodarla a nuestro modo de vida. Entrar en las palabras es reconstruir el significado en el infinito juego de posibilidades que muestra el orden contingente de los significantes. Hay quien dice que la poesía le causa tristeza y le provoca felicidad. Que la musicalidad de un poema puede hacerle feliz. Dice, también, que hay existencias tristes, que no existe el amor y que la tristeza proviene de la desaparición de la poesía. Que la ausencia de la palabra poética es melancolía. Digo yo que el amor se ejerce de muchas maneras, que la tristeza es el principio de la alegría, que la poesía jamás se extinguirá de la tierra, a menos que nos convirtamos en dioses o bestias. Mientras sigamos siendo humanos, tan humanos, siempre podremos transformar la melancolía en nostalgia, la nostalgia en recuerdo. Y a partir de ahí, el recuerdo en dicha compartida, y la dicha en la alegría de estar vivo.
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