All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


miércoles, 15 de julio de 2026

PECIO 0809: Sapiosexualidad

 Sapiosexualidad/Sapiofilia

  

Me dijo que yo estaba medio roto
Como un cuadro de Banksy pujado por diez locos
Que se había enamorado de mi coco
Que no era casual decir tanto con tan poco

(Brock Ansiolitiko) 

 

Ayer mencionaste la palabra “sapiosexual” mientras clavabas tu pupila azul en mi pupila marrón, aunque ambas pupilas apuntaban directamente hacia la trayectoria del balón golpeado por el delantero desde el punto de penalti. Desconocía el término. Más tarde, indagué sobre el asunto, ya sin pupilas confrontadas, y descubrí la palabra “sapiofilia”. Ambas se avienen al juego de la seducción en el que la inteligencia es el protagonista de un eventual episodio afectivo de la vida cotidiana. Quizás las dos palabras no sean sino exponentes de un tema recurrente de la peciosofía, el de la relación entre eros y Philia, entre amor (erótico) y amistad (amor sin deseo, aunque exista el término “follamigos”), entre deseo y cariño o aprecio. La intersección de ambos términos y la realidad que refieren da como resultado un estado identificado como “la idealización del otro”, el seductor. El seducido, por la presunta brillantez intelectual del seductor, ha decidido rendirse al producto de su idealización. ¡Ah, qué seria de los no muy agraciados físicamente, bajitos y con canas, si no existiese la sapiosexualidad o la sapiofilia! Dios hizo el mejor de los mundos posibles, dice el filósofo, para compensar las carencias naturales y no sucumbir al impacto que produce la imagen que nos devuelve el espejo. Ahora bien, la intersección antes mencionada concita otro parámetro: la distancia. Sapiosexualidad y sapiofilia son dispositivos cuya función es, si no la abolición, al menos, la reducción de la distancia que separa al seductor y al seducido. Porque dicha distancia no es infinita, y mucho menos definitiva. Ahí, en ese espacio físico y espiritual cabe la duda y la certeza, lo posible y lo imposible, la cita y el adiós, la alegría y la tristeza, la risa y la mueca…incluso cierto desvarío y cierta impostura. La distancia entre dos no es una anomalía, sino el fundamento de Eros, Philia, sapiosexualidad y sapiofilia. La distancia es conditio sine qua non de toda relación: evita la fusión, fomenta la fisión. Y aunque somos algo más que átomos, el deseo, como la energía, no se pierde, solo se transforma, se aviene al tipo de relación que uno mantiene consigo mismo. Si no me gusto, cómo voy a gustarle a otro -dice el deseo, que a veces miente. El deseo se nutre de sí mismo, tiene una voluntad autofágica. Se desea la imagen que nos hacemos del otro, la que retrata al personaje del personaje. El deterioro de la imagen ideal que se forjó en su momento desactiva del deseo prístino y sobreviene la caricatura o la hipérbole. Sobrepasamos el límite que nos impone la realidad y constatamos que no se puede vivir sin reconocer cuáles son nuestros límites y los de aquellos a los que amamos. No se puede vivir sin reconocernos en esos límites que nos definen en el movimiento incesante de una identidad que nunca se fija o, como dicen mis contemporáneos, se implementa.

 



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