No despistarse, estar atento (Revisited)
Noté a Arcadio preocupado, algo distante, reflexivo, ensimismado y poco animado a iniciar una conversación sobre cuestiones que no importan a casi nadie. El Cluny es un lugar que invita a no despistarse y a estar atento a esos movimientos, en ocasiones, casi imperceptibles, del alma, que alimentan la vida de palabras, caricias y sueños.
Mi empatía o ecpatía me condujo a un estado similar al de mi amigo, situación que me generó cierta perplejidad, pues el Cluny es, precisamente, en mi caso, un espacio de extroversión frente a la introversión doméstica que, a veces, me aleja de todo bicho viviente.
No pude evitar el vahído que provoca la reactualización de la nostalgia. La idea de que hubo un tiempo en el que alma y cuerpo se confundían en la trama del deseo me traspasó el cerebro, desde el neocórtex hasta el sistema límbico. La idea mutó en recuerdo de una escritura conjunta y simultánea de la carne y el espíritu, tan diáfana y cristalina como la imagen de la piel anudaba al alma y a una única palabra que la nombraba: Suzanne -And you know that she will trust you, For you've touched her perfect body with your mind.
Una pareja recreaba el movimiento del deseo en una cotidiana danza de soledades compartidas. La voz de Cohen invitaba a encarnar el espíritu y a espiritualizar la carne. La tensión entre las razones de cada sístole y diástole y las pulsiones ancestrales de la condición humana se resolvía cuando los versos del poeta cobraban vida: mente, cuerpo, tiempo denso, sexo o amor en movimiento.
Qué extrañas configuraciones crean los flujos de la materia y la energía, de la carne y el espíritu, en el juego de fuego cruzado que inventa la inefable conjunción de la levedad y la pesantez de la vida. Todo un desafío para el hermeneuta que se enfrenta a los laberintos del espíritu. A los suyos y a los del otro. Doble trama cuyo desciframiento exige no despistarse y estar siempre muy atento.
La nostalgia es una rémora de la incomprensión de la sentencia del sabio de Hefeso: “todo cambia…” Ni aquel tiempo fue mejor, ni este es menos denso. Si la voluntad es firme y el cielo está despejado, el sentimiento, la memoria y el conocimiento son los mejores aliados para seguir inventando nuevas formas de alegría en este transitar laberíntico por los nudos de los que se nutre nuestra existencia.
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